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Nació en Sevilla el 9 de abril de 1890 en el seno de una familia perteneciente a la alta burguesía, que le proporcionó una esmerada educación de la que hizo gala toda su vida. Sus primeros años transcurrieron en la placidez del ambiente de una Sevilla. En aquellos primeros juegos infantiles, a los que también se incorporaba Pepe García Aguilar, hijo de su futuro maestro José García Ramos, se hallaban en ciernes sus mutuas aficiones artísticas y teatrales, pues Miguel Ángel evocaría, ya también de mayor.
Sus primeras enseñanzas las cursó en el colegio de los Escolapios. Eran los años iniciales de un siglo lleno de expectativas, que comenzaba apasionante para las artes, lo que tal vez influyó en el camino a seguir por el joven estudiante.
Pasó algunas temporadas en Londres en la capital francesa, a veces recalaba en el Café de la Rotond, en Montparnasse. Coincidía allí con artistas españoles. Volvió a Sevilla en marzo de 1924, para regresar de nuevo a la capital del Sena, en donde había dejado algunos trabajos sin concluir y le reclamaban nuevos clientes. Al finalizar la Guerra Civil, marcha a Argentina desde Barcelona embarcado en el Cabo de Buena Esperanza en busca de nuevos horizontes artísticos. Fueron frecuentes sus idas y venidas desde América a España, pues en Sevilla vivía su familia y, además, añoraba su tierra.
En Buenos Aires ganó fama y dinero en plena prosperidad argentina, rodeándose de un elegido grupo de amigos y alternando en los selectos círculos sociales de la capital porteña. En el mes de marzo de 1956, contando sesenta y seis años de edad y con ocasión de un viaje efectuado a Sevilla desde Buenos Aires, fue objeto de un homenaje que le tributaron sus compañeros ateneístas por los éxitos allí logrados.