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Museo Nacional de Artes Visuales

Mariano Fortuny
Los contrastes de la vida

Los contrastes de la vida, c.1870. Mariano Fortuny (1838-1874). Óleo sobre tela. 103 x 177 cm. Nº inv. 1412. - Mariano Fortuny - Los contrastes de la vida - Museo Nacional de Artes Visuales

Los contrastes de la vida, c.1870. Mariano Fortuny (1838-1874). Óleo sobre tela. 103 x 177 cm. Nº inv. 1412.

Mariano Fortuny
Los contrastes de la vida


Detalle

26 de Jun, 2026 – 27 de Set, 2026
Museo Nacional de Artes Visuales
Sala 1


El Museo Nacional de Artes Visuales da inicio a una serie de exposiciones que renuevan la propuesta de sus salas: una obra para una sala. Un relato visual que se basta a sí mismo, sin la apoyatura de otros ejemplos a sus lados, y que invita a la quietud y al ensimismamiento frente a una única obra brindada a la contemplación. El diálogo no se producirá entre works en continuidad, sino entre el espectador y un ejemplo paradigmático: una pintura de múltiples capas, vaivenes metafísicos y miedos ancestrales que, paradójicamente, parece contener varias obras en una sola.
Con ese espíritu abre la exposición dedicada a Mariano Fortuny, centrada en la pintura Los contrastes de la vida.

Mariano Fortuny y Marsal nació en Reus, España, en 1838. A lo largo de una prolífica carrera artística cultivó el óleo, la acuarela y el grabado, y es considerado uno de los exponentes más importantes de la pintura española del siglo XIX.
Los contrastes de la vida puede interpretarse como un gran friso alegórico que rompe los esquemas del realismo y configura, al mismo tiempo, un retrato social de las mentalidades de su época. Su asunto central es el contraste entre la vida y la muerte, y su composición sostiene esa tensión de forma permanente y binaria.

La práctica de Fortuny estuvo marcada por sus misiones artísticas en Marruecos y por su estancia en París, donde entró en contacto con el orientalismo que Eugène Delacroix (1798-1863) y Eugène Fromentin (1820-1876) habían puesto de moda en esa ciudad. Hacia 1870, tras haber cosechado un amplio interés comercial con su obra de influencia parisina, viajó a Sevilla y Granada en compañía de amigos como Raimundo de Madrazo y Martín Rico. En Andalucía volvió a encontrarse con el mundo islámico —uno de los escenarios clásicos del orientalismo europeo— y profundizó, con mayor madurez, su interés por la luz natural, blanca y cegadora, de esa latitud. Es posible que Los contrastes de la vida pertenezca a los estudios costumbristas que Fortuny realizó durante esa estancia andaluza.

La obra hace gala de una factura cromática delicada y pastosa, donde prevalecen las gradaciones tonales de gris. Esa técnica está al servicio de una dualidad compositiva de gran peso simbólico que genera efectos visuales desconcertantes: los colores cálidos y el desorden abigarrado de la multitud a la salida de las exequias contrastan, en silencio, con el muro lateral y los dos planos de color —gris y azul profundo— que enfatizan la oposición entre la vida y la muerte.
La pintura constituye un constante descubrimiento de llenos heterogéneos y vacíos metafísicos. Es una obra clave dentro de la producción de Fortuny y una de las piezas extranjeras más importantes del acervo del Museo.

María Eugenia Grau, curadora.